HAS ENCONTRADO LA TUYA
NO SIENTO LAS PIERNAS
Si todavía puedes leerlo, al menos sabemos que sigues consciente.
Durante el entrenamiento te has venido arriba. Más peso, otra sentadilla, un último sprint.
Ahora miras las escaleras y te preguntas si siempre han sido tantas.
NO SIENTO LAS PIERNAS es ese clásico que dices al acabar, aunque mañana, cuando intentes sentarte en el váter, las vas a sentir perfectamente.
Cada músculo. Por separado. Y todos tendrán algo que reclamarte.
Da igual si vienes del gimnasio, del box, de correr o de dejarte la vida en la pista de pádel.
Tú saliste de casa pensando «hoy tranquilito» y ahora necesitas negociar con tus rodillas para llegar hasta la caña de después.
Tu toalla, por suerte, te lo pone fácil: puedes usarla sentad@ mientras recuperas la dignidad. Que para recoger tu sudor no hace falta que sigas haciendo sentadillas.
Tú no sientes las piernas. Yo sí siento tu sudor.
Ahora miras las escaleras y te preguntas si siempre han sido tantas.
NO SIENTO LAS PIERNAS es ese clásico que dices al acabar, aunque mañana, cuando intentes sentarte en el váter, las vas a sentir perfectamente.
Cada músculo. Por separado. Y todos tendrán algo que reclamarte.
Da igual si vienes del gimnasio, del box, de correr o de dejarte la vida en la pista de pádel.
Tú saliste de casa pensando «hoy tranquilito» y ahora necesitas negociar con tus rodillas para llegar hasta la caña de después.
Tu toalla, por suerte, te lo pone fácil: puedes usarla sentad@ mientras recuperas la dignidad. Que para recoger tu sudor no hace falta que sigas haciendo sentadillas.
Tú no sientes las piernas. Yo sí siento tu sudor.
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